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En entrevista especial con el equipo de www.azucardigital.com , el economista agrícola, Nerio Naranjo, exdecano de la Facultad de Agronomía de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), reflexionó e hizo propuestas importantes sobre la realidad actual de la producción de caña de azúcar en Venezuela y el circuito azucarero nacional, haciendo énfasis en los retos actuales y aportes que cada actor de la cadena debe hacer, para de la mano del Estado recuperar las potencialidades y volver a tener músculo productivo capaz de competir en un escenario de apertura económica internacional. 

Profesor Naranjo, bienvenido a la entrevista especial en www.azucardigital.com

-Un gran saludo y nuestro reconocimiento por ese gran trabajo que vienen realizando en apoyo al sector, porque no hay nada más importante que una información útil, válida y oportuna para que el sector tome las mejores decisiones, para el debate en torno a ideas y propuestas de solución. Allí, los comunicadores sociales tienen un papel extraordinario; nuestro reconocimiento por su profesionalismo, su constancia, su compromiso con el sector y los mejores deseos por su éxito y crecimiento en los próximos años.

Haciendo un ejercicio de cotidianidad ¿A su juicio cómo está la cañicultura en Venezuela?

-La cañicultura en Venezuela, luego de los últimos 5 a 6 años, una vez que el país abrió la economía en términos de dolarización, de apertura comercial, de las importaciones y exportaciones y en términos de regulación de precios y de regulación de ls economía, inició un proceso interesante de crecimiento, que sinceramente ha sido básicamente horizontal, de expansión de frontera, pero un crecimiento al fin, que ha sido a pulmón propio y sustentado en el compromiso de los productores con su sector y aprovechado las ventajas que para el momento complejo de la economía tiene la cañicultura.

El crecimiento se generó primero por los mismos cañicultores de tradición que estaban organizados en las sociedades de cañicultores con sus vínculos con la agroindustria que les garantizara mercado. Y por un fenómeno importante que aún se observa, que es la migración de agricultores de otros sectores que han visto problemas de rentabilidad, comercialización e inversión en sus cultivos. Entonces la caña de azúcar se ha convertido también en un rubro receptor de inversión y agricultores que buscan mayor estabilidad, mejor riesgo agronómico, precios más estables, una mezcla de seguridad y rentabilidad.

¿Entonces usted considera que la cañicultura vive un buen momento en el país?

-Si, definitivamente si, pero no quiero decir con esto, que está exenta de los problemas estructurales que tiene la economía. El sector cañicultor ha crecido a pulmón propio, pero ha venido arrastrando una serie de problemas que están muy vigentes hoy en día, y que tienen que ser objeto de acciones tanto de los gremios como del Estado, para corregirlos y ponerlos en la sintonía correcta. 

¿Qué tipo de problemas?

-Primeramente el rezago tecnológico, que es una realidad, sobretodo en la generación de nuevas variedades, en manejo agronómico del cultivo bajo las nuevas tendencias. Y eso se refleja aguas abajo en un tema de productividad, que está también rezagada, y eso en un panorama comercial, de azúcar importada nos plantea retos y desafíos sumamente importantes.

Tenemos que sincerar, y aguas abajo el tema de baja productividad se traduce en otro problema, la descapitalización del sector. Tenemos problemas en este caso, en los pequeños y medianos cañicultores, que han ido mermando sus capacidades productivas en términos de mecanización, tecnologías agronómicas, aplicación adecuada de insumos de calidad, y se va generando un círculo vicioso que a la larga puede comprometer el futuro de la caña de azúcar. 

¿Cómo medir o cuantificar el rezago tecnológico?

-Es difícil medirlo en términos de años, pero si comparamos con los cañicultores de la misma región, como Brasil, Colombia, el rezago es significativo, porque al cuantificar la productividad puede alcanzar el 50%. Y si se toma a los productores líderes de esos países el rezago pudiera ser mayor. 

¿Cómo se corrige un rezago de esas proporciones?

-El sector solo no puede. Porque en la cañicultura, un sector que viene de un proceso de crisis, donde el PIB nacional cayó un 75%, donde se vivió la hiperinflación más alta y más larga del mundo, la brecha cambiaría mueve el piso económico, obviamente acumuló una gran descapitalización y una gran perdida de capacidades productivas, y no puede de la noche a la mañana hacerse competitivo y enfrentar realidades de un mercado internacional que tiene economías estables y con realidades totalmente diferentes. 

Allí, es donde se sugiere que concertadamente con el Estado, se fijen políticas sectoriales, que hoy en día no existen prácticamente. Lo primero, es declarar un período de reconversión empresarial y productiva, que consiste que declarar unos años bajo condiciones especiales y de unos apoyos racionales para que el sector retome el sendero de la capitalización y actualización tecnológica, con un financiamiento oportuno, que no se ha tenido.

En este periodo, se deben planificar las importaciones, manejar un precio internacional sin obviar el contexto venezolano único en el hemisferio con inflación e inestabilidad. Así se dará la oportunidad a los productores de ir acortando la brecha hasta ir progresivamente a una apertura comercial donde si se tiene que competir para ganar los espacios en la economía nacional e internacional.

Nuestro rubro tiene las potencialidades para ello, pero no es posible sin el acompañamiento mínimo necesario, no pedimos subsidios ni grandes inversiones, sino enfocarnos en las cosas básicas que permitan una recuperación.

¿Con esas políticas, la recuperación podría ser en cuanto tiempo?

-Los países que han vivido situaciones similares, han tenido períodos de reconversión no menores de 3 años. Este período no implica cerrar las fronteras, se hace para planificar las importaciones y garantizar el mercado interno, con una ruta clara y concreta respecto a los precios.

Desde la mirada de los cañicultores, pequeños y medianos, ¿Qué hacer?

-Los pequeños cañicultores, para serte sincero, la mayoría están en condición de subsistencia, y la subsistencia reemplaza la racionalidad económica, cuando subsistes entras en un círculo peligroso de estancamiento, por ello hemos visto la salida de muchos pequeños productores del circuito azucarero, y los que quedan no tienen las capacidades financieras, técnicas y de equipamiento como para emprender un proceso de renovación de sus cañaverales, en busca de crecimiento y diversificación económica.

¿Qué papel debe jugar el Estado y los gremios en este escenario?

-Este es un momento bien crítico para el pequeño productor de la caña. Aquí el Estado y los gremios deben actuar para salvaguardar al productor y hacerlo sostenible, es es uno de los retos más complejos que tiene la cañicultura.

Aquí, tenemos que hablar de la profundización de la sociatividad. Desde Soca-Portuguesa se han hecho ensayos bien interesantes. Por ejemplo en mecanización, poner un tractor para ser usado por 10 pequeños productores ya que uno solo no tiene acceso al tractor. Allí se ha dado un proceso complejo con normas bien claras para el uso colectivo de esa maquinaria.

Entonces, la sociatividad hay que fortalecerla en el uso colectivo de recursos económicos. En segundo lugar hay que apoyar la diversificación, porque un productor de 5, 8, 10 hectáreas con los rendimientos actuales difícilmente puede sobrevivir y crecer, esa es la realidad, por ello requiere apoyo para tener otras actividades agrícolas complementarias, allí entra el apoyo gremial y la asistencia técnica del Estado que hay un gran vacío en esa materia. 

En tercer lugar, sugiero la formación, educación para la gerencia agrícola, porque necesitamos que nuestro pequeño productor se convierta en un microempresario, que no solo haga las cosas diferentes y cambie las formas de ver las cosas para su fortalecimiento. 

Hay muchas cosas por hacer, el sector tiene un buen impulso, tiene un talento humano extraordinario, motivación y expectativas favorables, pero hay problemas estructurales que se deben poner en la mesa con franqueza y discutirlos de forma muy cruda. 

El aporte de la agroindustria, para fortalecer el sector azucarero ¿cuál es?

-Vista desde adentro, la agroindustria también tiene el reto de eliminar el rezago tecnológico, y debe emprender una renovación que le permita ser más eficiente en la extracción de azúcar y la calidad de la misma. 

La agroindustria también debe diversificarse para flexibilizar los mercados. Cuando vas a un Central en Brasil y en Colombia, ves que producen azúcar, pero si el azúcar baja de precio tienen la opción del alcohol, también ganadería vinculada para aprovechar los residuos. Es decir, ves una agroindustria diversificada para dar respuesta al sector. 

El principal reto del país actualmente, es que todos los sectores entiendan que tenemos que construir un país de ganadores, esto significa que no puede haber una empresa próspera rodeada de pobreza. Allí, cada vez más la agroindustria debe sentarse con los productores, y buscar formulas y compromisos que permitan que todos ganen, y sea sostenible la ganancia en el tiempo para crecer juntos, eso es lo que garantiza a la larga la sostenibilidad del circuito azucarero. 

Yo creo en la agroindustria azucarera nacional, creo que ha tenido muy buenas iniciativas de apoyo, el caso de Soca-Portuguesa y el Central Azucarero Portuguesa en su alianza es un modelo a seguir, lamentablemente eso no se ha replicado en otros centrales, en unos más, unos menos, pero todo el circuito azucarero debe tomar los mejores modelos de referencia, ya que la agroindustria y el productor tienen que ser aliados, pero no en el discurso sino en la práctica. 

No basta con ser competitivo, hay que ejercer la cooperación como forma de desarrollo conjunto. Nos interesa que al vecino le vaya bien, para enfrentar juntos un reto de competitividad de mercado. 

¿Qué papel está jugando la investigación en el sector azucarero nacional?

-La investigación es un camino que hay que retomar, porque cuando hay crisis económicas tan profundas, no solo merma el financiamiento a la investigación, sino que la investigación pasa a un segundo plano. Por eso es que yo creo en las políticas sectoriales, no es lo mismo una política para maíz, que para caña de azúcar o para ganado. Cada sector tiene que generar en el debate unas propuestas interesantes para fortalecerse en función de sus propias realidades. 

La idea es sentarse en la mesa, y que allí se diga que pone el Estado y que pongo yo. Ya no se trata de un Estado benefactor, que sabemos no tiene los recursos, pero que si puede apoyar de muchas maneras. Un Estado que asuma la agilización de los trámites, la distribución del gasoil de manera cada vez más eficiente, ser árbitro en concertación agroindustria-productor para que los acuerdos se respeten. El Estado puede desarrollar muchas acciones que no significan miles de millones de dólares, sino un acto de voluntad política, de claridad gerencial y de retomar el rol facilitador del desarrollo de la gente. 

Ya para cerrar, ¿en qué medida estaría usted satisfecho, respeto a la recuperación de la cañicultura desde la productividad por hectárea y la producción de azúcar?

-Objetivamente en un período racionalmente corto o mediano, aquí la productividad debe superar las 100 toneladas por hectárea. Y en la conversión de azúcar, estamos en 80 ó menos kilos de azúcar por tonelada de caña, eso tiene que subir en un 50% ó 100% en los próximos 4 años, esas son las metas que se tienen que establecer y trabajar de la mano con el Estado para que formen parte de las políticas públicas, llegó la hora de las políticas sectoriales para fortalecer los sectores líderes.

Redacción: Daniel España CNP: 11.448

31/05/2026